Cambio de sexualidad de hombre a mujer

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Pese a tantos cambios del nuevo milenio, muchos padres siguen creyendo, equivocadamente, en la eficacia de este método de educación y se resisten a aprender estrategias educativas diferentes para estimular el crecimiento de sus hijos.Otros no lo hacen por desconocer formas distintas de educar o desconfían de fórmulas menos rígidas por pensar que no serán efectivas.He preguntado a muchos maestros para qué mandan deberes a casa y las respuestas son múltiples: para reforzar la materia vista en clase, para que los niños continúen entrenando su atención y concentración, para crear hábitos de trabajo independiente, para que no vean tanta televisión y porque muchos padres lo piden para mantener ocupados a sus chicos en la casa.Es posible que estos maestros tengan razón, pero yo invito a hacer una reflexión: con nuestro sistema educativo actual, los niños destinan entre 9 y 10 horas en asistir a la escuela, atender las clases y regresar a casa.Unos más, otros menos fuimos educados con una disciplina rígida, impositiva, agresiva, autoritaria la cual nos impidió pensar y actuar con autosuficiencia e independencia porque se esperaba nuestra sumisión.Esta modalidad de educación no respeta a la persona y surge de la inseguridad del padre o madre, quien ordena e impone a su hijo o hija, exige obediencia muchas veces sin razón ni necesidad y castiga dependiendo de su estado de ánimo.Entonces, ¿por qué se somete a los niños a horarios tan rígidos y se les carga con más tarea para la casa?

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La mejor manera de aprender es en forma placentera, sin imposiciones ni métodos agresivos y autoritarios.

No consideran al juego como el principal instrumento para aprender y creen que es perder el tiempo.

Se dictan materias que en el mejor de los casos informa a los niños, pero no les forma como personas.

Por naturaleza, el ser humano busca la satisfacción de sus necesidades, busca el placer y por esto, desde muy pequeñitos, los niños quieren hacer su voluntad y cumplir sus deseos y gustos.

Desde la temprana infancia quieren imponerse a los demás, desarrollar su autonomía y probar sus alcances, se resisten a los NO dichos por los adultos con todas sus fuerzas y saben muy bien donde hacer los berrinches para conseguir lo que quieren.

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